Crónicas desde Sao Paulo (Febrero 2014)

LA FOLHA DE SAO PAULO (Cap. I)

Aprovecho el nombre de esta insigne cabecera brasilera para abrir una breve crónica de mi estancia por estas tierras sudamericanas… como hice hace un par de años con Buenos Aires.

Porque siempre es inevitable buscar referentes cercanos donde apoyarse para entender una nueva ciudad. Y en mi caso ese referente es Buenos Aires. Tirando del hilo, del traicionero hilo de la memoria (ésa que al pedir una caipirinha te recuerda inmediatamente los tequilas de Guadalajara), he tratado de identificar aquí un coqueto barrio como Palermo para tomar una cervecita, y no he dado con él. Ni con Palermo y su mítico hipódromo ni con el encanto de Recoleta, ni con la vida de Corrientes, ni con la belleza de la Plaza de Mayo. No… aquí hay gente maja y hablan también muy bonito, pero no hay casi nada de eso. Hay coches, sí… hay coches, muchos coches.

Algo más tiene que haber, te dices inquieto, así que consultas. Y te das cuenta rápido de que preguntas a un saopaulense (sic : ) por un lugar para visitar en la ciudad y se descojonan. Te mandan a la Avenida Paulista, que es, cómo explicarlo… una avenida. Grande, como la cantidad de coches que hay (de verdad, hay muchos). Te mandan a Ibirapuera, que esta vez sí… es un parque tropical precioso y cuidadísimo, pero sobre todo es un parque muy muy grande.

Porque aquí todo es a lo grande. Uno organiza un evento especializado sobre tecnología de lectura digital aplicada al ámbito educativo y asisten 600 personas (véase el auditorio). Tienes una reunión con una operadora de telecomunicaciones y te dicen que son 70 millones de clientes. Te recibe una chica de la agencia de viajes en el aeropuerto y…

… y llega el momento de hablar de las “garotas”. Pero como acabo de llegar a Porto Alegre y mañana tengo de nuevo conferencia os tengo que dejar para estar fresco y aplazar las tremendas revelaciones que tengo para vosotrOs (mayúscula intencionada en la O) para el siguiente capítulo de este humilde serial.
Seguiremos informando… ¿os he dicho lo mucho que me gustó Buenos Aires?

OCTAVIO E CARMINHA (Cap. II)

En los eventos internacionales en los que uno aterriza es imposible no sentirse así… aterrizado. En mitad de la nada, en un sitio que no conoce, con gente que habla diferente. Muy pocos días y mil actividades. La troupe CONTEC en bloque se reúne a desayunar en el hotel, viaja en el shuttle al SESC, coge un avión a Porto Alegre y vuelve, comida, cena, copas, ponencia, presentación, mesa redonda. Esa sensación, en la despedida, de curso de inglés al extranjero, de campamento de verano que finaliza. A los pocos días cada uno de nuevo en su esquina del mundo.

Octavio y Carminha son parte de la troupe de CONTEC. Octavio me ha contado sus teorías sobre la conquista del mundo de los chinos, sobre la futura implosión del dólar, sobre la subida inminente del oro. He recordado al Tucídides que leí viajando por Grecia y que según él compendia la esencia del comportamiento humano. Volveré a leer en Madrid el discurso de Pericles en Atenas y trataré de llegar a cuando se produce la entrada de Alcibíades, el indiscutible puto amo. Por Octavio conozco Villa Madalena y sé que existe un clon de Palermo en Sao Paulo. Es lo que ocurre cuando le das tiempo a los sitios para desvelarse. Es también el autor de esa fantástica teoría de la diferencia irreconciliable argentino-brasileña: ese estar en un presente continuo de los brasileños, como dejando pasar el tiempo, esa falta de complejos que ellos, los argentinos, con sus neuras y sus ganas de comerse el mundo (y más cosas) no logran entender.

Carminha es otra cosa. La conocí en el check-in de Porto Alegre. Discreta, educada, sonriente; silenciosa cuando la discusión va por otro lado, cuando la cachaça nos lleva por otros derroteros; con esa mirada limpia que a esos que en la vida todo lo ensucian les resulta tan difícil imitar. Recordaré esos trayectos en el shuttle hablando de cualquier detalle del evento, de los niños, de ese árbol tan hermoso del patio de la Universidad de la Salle en Canoas. La recordaré con ese pulgar arriba cuando bajaba yo del estrado; su dulzura de señora. Sobre todo, la recordaré en el restaurante de Porto Alegre, en esa noche perfecta de veranito austral en la que nos hizo esa confesión inesperada. Se hablaba del parecido fonético del hablar argentino con el de los brasileños del sur. “Carminha, ¿cómo es que pronuncias así de bien esa “ll” argentina?” Y Carminha nos cuenta que en los 70 conoció a un argentino que recorría Brasil con una mochila. Se fue con él y estuvo allá un tiempo. Hasta que las dictaduras complicaron las cosas y resultó peligroso seguir allí. Tuvo que volver. Acabó con “Es bonito tener 20 años y hacer con la vida lo que te da la gana.” Con la dulzura con que lo dice todo. Sin asomo de nostalgia, alegre y tranquila.

Pues sí, Carmina, es muy bonito… y acaba de golpe con la teoría de Octavio.

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