La muerte es una certeza

Algo por lo que pasaremos todos y donde acabará todo.

Somos el único animal que es consciente de que va a morir. Y es esa consciencia de la muerte lo que hace que la vida sea valiosa, emocionante. Porque qué emoción tendría cualquier experiencia que podemos repetir una vez, y otra y otra más… Qué valor puede tener dedicarse a algo cuando puedes hacerlo todo, todo el tiempo y sin fin, una y mil veces. Qué sopor, qué infinito aburrimiento…

Saber que morimos es lo que da valor a lo que hacemos. Ese impulso de trascender al corto lapso de tiempo que nos toca vivir es el origen de las más grandes creaciones del hombre… de la ciencia, la literatura, el amor por los hijos, que sabemos que son esos y no otros, y no les vamos a tener siempre.

Sabemos que vamos a morir y eso hace que tengamos que pensar a qué queremos jugar. Digo jugar porque esto se parece mucho a un juego de niños… necesitamos sacarle todo el jugo porque sabemos que dura poco, y lo hacemos aunque somos conscientes de que en el fondo nada es demasiado importante; porque nos vamos a ir…

Ayer murió Marcial, y por eso estamos aquí. Marcial, mi abuelo, es una de esas personas a las que la vida no le dio demasiado tiempo para pensar a qué querían jugar. Tocaba sobrevivir, tirar para delante y no pensarlo demasiado, no mirar mucho atrás ni a los lados, no fuera a ser…

Y sin embargo, Marcial ha jugado mucho, y ha jugado bien. Si hacemos memoria, nos encontraremos…

  • … al autodidacta que tuvo que quemar sus libros cuando otros iban por ahí al grito de “muerte a la cultura”,
  • al lúcido que siempre fue para entender las cosas simples,
  • al comerciante eterno que con los pocos duros de su tío León empezó ambulante para poder comer, y sólo a base de trabajo montó el negocio del que hemos vivido todo su clan,
  • al lector de Vargas Vila, Miguel Hernández y tantos otros,
  • al madridista crítico y sensato, al experto nutricionista, al ganadero, al frutero para siempre, al apasionado conversador a voz en grito, al socialista de pro…
  • Al adolescente que se plantó en una iglesia para decirles que eran unos sinvergüenzas, al que regaló un escobón a la virgen en Mayo, al que siempre tuvo claro el daño que hacían y siguen haciendo a la convivencia.
  • Al idealista que por sus ideas se fue al frente, y al que se fue del frente porque lo que vio no era ni justicia ni libertad.

Mi abuelo vivió la guerra convencido de que se le haría pagar su osadía con la muerte, y tenía decidido gritar “viva la república” en el momento final. Luego estuvo listo y sus decisiones le permitieron salir adelante; a costa de renunciar a muchas cosas, a defender en público sus ideas, a la propia identidad.

… pero valió la pena. Mira por donde el que dio por hecho que sería fusilado con 17 años ha estado con nosotros hasta los 92. Y cuando se muere a esa edad, tras la muerte no procede el duelo, sino celebrar lo grande que fue en vida. Así que vamos a celebrar su vida, y vamos a despedirle como merece, como probablemente él hubiera querido… con menos responsos, con más poesía.

Como dice la copla, Marcial, eres el más grande.

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